Hay gente que es reacia a la tecnología.
Algunas más, algunas menos.
Yo, por ejemplo, soy anti-photoshop aunque mi profesión me pida a gritos que lo aprenda a usar
(mientras tenga a JP y LP con ganas de ayudarme, sigo resistiendo, sigo sin saber como usarlo del todo).También debo reconocer que soy lo que se podría llamar
tecnotonta, me cuestan estas cosas, pero también soy bastante autodidacta así que a los ponchazos, voy aprendiendo.
Lo que me dí cuenta ayer es que, hay mucha, pero mucha gentes que no está al tanto de estos pequeños avances que nos facilitan tanto la vida.
No estoy hablando de los touch phones, o esas porquerías, sino cosas que realmente sirven, como por ejemplo la
Tarjeta MonederoPara todas aquellas personas que no están al tanto de esta maravilla, la TM sirve para pagar el pasaje de subte, también comprar golosinas en los quioscos adheridos o pagar el peaje, por ejemplo.
Anoche, al salir de la facu con mi amiga, a la cual llamaré Gladiola
(porque si pongo su nombre real me cuelga patas pa'bajo del Obelisco), nos dirigimos a la estación San Martín del subte C.
Al llegar veo que saca un billete de $2 con el cual se dispone a pagar y mi cabeza hizo clic.
Mi amiga, vive y trabaja en Capital Federal, por lo cual, pensé -
"¿ Por qué mierda esta cristiana todavía no tiene esta bendita tarjeta?" -
"¡Es que le gusta complicarse la vida!" me respondí.
No queriendo creer que lo hacia por deporte, me dispuse a preguntarle.
-Che, boluda, explicame algo. ¿Cómo siendo que vivís y trabajas acá, todavía seguís haciendo la cola para sacar pasajes en vez de pedir una Tarjeta Monedero que es cómoda y gratis?
- ¿Qué es la tarjeta monedero?
OOOOOOOH!!!! POR EL AMOR DE JEBÚS!Después de explicarle, un par de veces
(a veces me hace sentir que hablo en Farsi) volvimos hacia la ventanilla donde la
"simpática trabajadora subteril" le explicó como funcionaba todo, nuevamente, sin dejar de rumiar su chicle.
Gladiola, contenta, tenía su tarjeta al fin.
Estaba feliz y sintiéndose realizada.
Es que honestamente, le cuesta un poquito salirse de sus esquemas, pero lo hace, y brindo por eso.
Todo iba re bien, nos saludamos, yo me fui para el lado de Retiro, ella para el lado de Constitución.
Yo, ya había pasado mi tarjeta, cuando un instinto me hizo mirarla y al verla, primero, me quedé atónita, y después me cagué de risa
(si, muy de hija de puta lo mío).
¿Qué pasó?
Mi amiga, estaba intentando meter la tarjeta plástica, en la ranura donde, comúnmente, se insertan las de cartón. Indignada, puteaba, ME puteaba porque no servía.
Claro, ¡que boluda!
Le explique como conseguirla, pero no como usarla.
Bajamos al andén y de un lado al otro, no podíamos parar de reírnos.
Otra que quedará para la historia.
Buen finde, sssssssssssssssamigos!